Son algunas las disciplinas que he conocido y experimentado desde que comencé a indagar en mis formas de pensar, hacer y relacionarme (bioenergética, movimiento expresivo, tacto consciente…), y aunque todas me han enriquecido, ha sido principalmente a través del mindfulness y la terapia gestalt como he ido construyendo mi forma de ver y concebir el mundo, mis maneras de relacionarme conmigo mismo y con los demás y, por ende, mi forma de acompañar a personas en sus procesos personales.
Creo firmemente que las similitudes entre la terapia gestalt y la atención plena hacen que la combinación de ambas sea especialmente beneficiosa para cualquier persona. Cuando alguien empieza a tener conciencia de su experiencia llega a conocerse mejor, a contactar con sus necesidades y a aceptarse con madurez. De esta forma incrementa la posibilidad de fortalecer su autoestima, la confianza y seguridad en sí mismo, y propicia que se den nuevos patrones de conducta adaptados a cada situación. A través del autoconocimiento la persona también puede identificar aquellos aspectos de sí misma que le afectan de manera negativa y que interfieren en su evolución como ser humano.
Mi experiencia durante estos años como instructor de mindfulness y terapeuta gestalt, me hacen destacar algunos de los puntos en común entre ambas, que permiten crear un campo fértil desde donde poder desarrollar una vida más plena y libre en todos sus aspectos:
- El modo de hacer en ambas disciplinas se centra en aliviar el sufrimiento de las personas y mejorar su calidad de vida, mediante procesos de desarrollo personal a través de los que se producen cambios tendentes a una mayor plenitud de nuestra humanidad. Se trata de un crecimiento holístico de la persona, que integra campos tan amplios como los afectivos, sociales, sensoriales e incluso espirituales.
- La terapia gestalt y el mindfulness centran la atención en el momento presente. Se trata de observar el aquí y el ahora. A través de la observación, se toma conciencia de lo que ocurre en el interior de la persona (sensaciones corporales, emociones y pensamientos) y lo que ocurre fuera (sentidos, entorno). Así se obtiene una conciencia clara de lo que la persona experimenta en cada momento.
- La aceptación de lo que ocurre tanto fuera como dentro de la persona es básica en ambas herramientas. En la terapia gestalt la aceptación implica identificar las emociones y sentimientos que surgen en una determinada situación sin huir de lo que se experimenta. La aceptación es también una de las actitudes básicas del mindfulness, donde se reconoce y se atiende lo que ocurre dentro y fuera de nosotros sin querer que ocurra algo distinto ni rechazar lo que está ocurriendo.
- Con la práctica de mindfulness se fomentan una serie de cualidades en la persona (no juzgar, aceptación, mente de principiante, desapego, no esfuerzo, paciencia y confianza), que generan un estado de conciencia que todos llevamos dentro, al que llamamos estado de presencia. La presencia es una de las herramientas básicas del terapeuta gestáltico. De ahí que resulte tremendamente provechoso incorporar el mindfulness, como herramienta de presencia, a las personas que se acercan a la terapia gestalt.
- En un proceso de desarrollo personal basado en mindfulness y gestalt, la responsabilidad es básica. Se busca que la persona se responsabilice de lo que hace y lo que siente, de tal forma que no culpabilice a los demás o al entorno de lo que le ocurre en cada momento. Una vez que la persona se responsabiliza de sí misma, puede tomar las riendas de su vida.
- La terapia gestalt tiende hacia el auto-apoyo de la persona, que cuenta con un repertorio de potencialidades suficiente para superar cualquier adversidad. Por su parte, la práctica de mindfulness tiende hacia el auto-cuidado, a través del cultivo de una actitud auto-compasiva en la que la persona contacta con su bondad y calidez internas. Ambas, por tanto, ahondan en la necesidad de cuidado y la necesidad de la persona de proporcionárselo en las situaciones y relaciones que vive.
- Por último, tanto el mindfulness como la corriente gestáltica pueden constituir una filosofía o forma de vida personal. En palabras de Vicente Simón, Mindfulness no es una técnica, ni un instrumento, sino una forma de concebir la vida cotidiana. De igual modo, Claudio Naranjo afirma que la terapia Gestalt no es un conjunto de técnicas sino la transmisión de una actitud, una forma de estar en la vida.
En pocas palabras, mindfulness y terapia gestalt se combinan de forma admirable como modo de acompañar a la persona en un valioso proceso de desarrollo personal y autoconocimiento, con el objetivo principal de enriquecer y mejorar su vida.


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