Es interesante conocer el personaje que interpretas, pues una parte importante de tu desarrollo personal consiste en soltarlo. Para ello, resulta imprescindible estar al tanto de los disfraces instalados, descubrirlos operando en tu día a día. Al descubrir un disfraz de tu personaje, puedes sentir que eso no eres tú. Tú eres el que lo ve y lo comprende. Entonces puedes liberarte de él.
Liberarse de los automatismos programados que operan en nuestra mente es un asunto de conciencia, no de lucha. El proceso de liberación de los programas pasa por dejar de ocultarlos para empezar a observarlos con serenidad.
Al soltar las máscaras que interpretas, la mente se libera del conflicto que este disfraz le producía.
Reírte de la solemnidad inherente a cada disfraz es una buena forma de comenzar a observarlo y dejar de luchar contra él: «vaya, ya está aquí el justiciero/salvador, manipulador/controlador, vanidoso/impostor, víctima, encantador/chico bueno, rebelde/orgulloso, sabelotodo/infalible/pedante, colérico/gruñón, creyente/seguidor, dudoso/indeciso, escéptico/cínico, provocador/gracioso/protagonista, tímido, negociante/materialista, solitario/ermitaño, sacrificado…».
No se trata de crear alguien perfecto, sino de de-construir lo programado para que surja alguien completo, con sus luces y sombras, sus cicatrices, sus manías, virtudes y defectos, sus alegrías, tristezas y miedos. Alguien que empieza a ser consciente de aquellos “programas” que le limitan y le hacen sufrir, y que está dispuesto a liberarse de ellos.
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